Ruido y silencio – Reorganiza la mente #02

Antes de comenzar a leer esta entrada, presta atención a tu alrededor e intenta identificar los ruidos que escuches.

Es posible que te des cuenta de algunos que hasta este momento habían pasado desapercibidos: papeles moviéndose, gente hablando alto, el ruido del tráfico, maquinaria de obras, Mozart interpretado una sinfonía, o nuestro cuñado Antonio Miguel, que sigue bombardeando el grupo familiar de WhatsApp porque todavía no hemos configurado las notificaciones de nuestro teléfono. ¿Por qué ocurre esto?

Filtrando el ruido

El cerebro humano tiene unas capacidades atencionales limitadas. Somos incapaces de prestar atención a todos los estímulos que hay en el ambiente al mismo tiempo, por lo que tenemos que seleccionar aquellos que pueden ser más relevantes para nosotros. Esta selección no la hacemos conscientemente, sino que la información es filtrada según su utilidad potencial. Gracias a estos mecanismos hemos podido sobrevivir como especie durante cientos de miles de años, al enfrentarnos a entornos cargados de cosas vivas y poder así diferenciar un conejo corriendo entre la maleza de un depredador hambriento.

Como es natural, los elementos que filtramos no desaparecen por arte de magia y son procesados en otras partes de nuestro cerebro. De esta forma, tras escuchar toda la mañana el taladro de una obra, dejamos de prestarle atención. Pero eso no significa que no siga existiendo, y, lo más importante, que no siga afectándonos.

¿Cómo nos afecta todo ese ruido? El malestar sonoro es solo una capa superficial de las consecuencias que el ruido provoca en nuestro cerebro. Lejos de ser solamente un elemento circunstancial, cuando se sufre de forma frecuente, el organismo reacciona de manera negativa ante él. Repasemos algunos de los efectos que se han podido constatar:

Disminuye el rendimiento cognitivo

En un estudio se midieron las capacidades de lectura y memoria en estudiantes cuya escuela estaba situada cerca del Aeropuerto de Múnich. Tras la construcción del aeropuerto, los niños empeoraron notablemente su rendimiento.

Más tarde, otra investigación más amplia constató el mismo resultado en noventa colegios que tenían cerca aeropuertos (Londres, Ámsterdam, y Madrid), además de resaltar un riesgo de desarrollo de dislexia.

Aumenta el riesgo de muerte prematura

Un análisis basado en 61 estudios internacionales llegó a la conclusión de que el riesgo de infarto de miocardio y problemas cardiovasculares aumentan cuando los individuos están expuestos de forma continua a ambientes con más de 60 dB (una calle con tráfico arroja unos 75 dB).

Se estima que la contaminación acústica provoca unos 10.000 fallecimientos prematuros al año (en Europa). Los principales motivos por los que el ruido desencadena problemas cardiovasculares se encuentran en el estrés. Los sonidos fuertes y constantes producen la desregulación del cortisol, provocando un aumento transitorio de la tensión y la tasa cardíaca, y a más largo plazo, una disfunción de la respuesta inmunitaria.

Empeora tu sueño y tu día

Estar sometido a ruidos constantes y desagradables, como ver tertulias televisivas o una reforma doméstica inacabable, produce alteraciones del sueño y fatiga crónica a lo largo del día, conectándose con los dos puntos anteriores.

Si el ruido se produce durante la noche, los resultados son todavía peores, como demostró un estudio realizado con 68 niños que padecían bronquitis. Se encontró una posible relación entre la dolencia y la exposición nocturna a 53 dB, que desencadenaba la desregulación de cortisol que antes comentamos.

Te deja sordo

El umbral de riesgo para la audición humana se estima en unos 85-90 dB (una calle céntrica con tráfico en hora punta puede llegar hasta 80 dB), a partir de los cuales se pueden producir daños en el oído. En un primer momento, las personas expuestas a ruidos intensos pueden sufrir los llamados acúfenos (ese zumbido característico), pero más a largo plazo, si se sigue produciendo la exposición al ruido intenso, se puede perder audición de manera progresiva.

La forma en la que el ruido sostenido provoca daños en el oído se ha estudiado en profundidad. Las células ciliadas, presentes en la cóclea del oído interno y encargadas de detectar las vibraciones del aire, son destruidas de forma natural con la edad (nacemos con unas 20.000, y no se reemplazan), pero la exposición a ruidos excesivos acelera esa destrucción.

El umbral de riesgo del que hablábamos no solo se aplica a ruidos ambientales, sino también con el uso prolongado de auriculares, uno de los riesgos de nuestro tiempo (especialmente en población joven), dando como resultado que los otorrinos estén recibiendo más casos de pérdida de audición de los habituales hasta ahora.


El silencio no existe

Queda claro que el ruido nos resta esperanza (y calidad) de vida. La mala noticia es que el silencio total, entendido como ausencia de sonidos, no existe. Así lo han demostrado las “cámaras anecoicas”, espacios totalmente insonorizados en los que no pueden penetrar vibraciones externas. Las personas que se han introducido en una de ellas relatan que, tras unos instantes de silencio, han empezado a escuchar ruidos provenientes de su propio cuerpo, como el tránsito intestinal, el flujo sanguíneo o el aire de los pulmones.

El cerebro no está preparado para un aislamiento total del mundo y busca de forma desesperada cualquier estímulo. Así pues, si debemos huir del tumultuoso y frenético mundo actual pero no podemos refugiarnos en un silencio absoluto, ¿dónde se encuentra el término medio? ¿qué sonidos pueden ser beneficiosos para nuestro organismo?

La respuesta se encuentra donde casi siempre suele hacerlo: en la naturaleza.

Baños de bosque

Un simple paseo por un entorno natural puede proveernos de un equilibrio de silencio muy beneficioso para nuestro cerebro. En los últimos tiempos se ha popularizado un término para esta sencilla práctica, “shinrin yoku”, o lo que es lo mismo, “baño de bosque”. El objetivo principal reside en prestar atención al espacio natural en el que nos encontremos caminando, respirando aire puro, tocando los árboles y la vegetación.

Según algunos estudios realizados, realizar un “baño de bosque” varias veces por semana reduce la tensión arterial y mejora el sistema inmune. No es un hecho insólito que este contacto pueda provocar beneficios en la salud. Al fin y al cabo, nuestro desarrollo como especie se ha encontrado ligado la mayor parte de nuestra existencia a un entorno natural, y la vivencia en entornos urbanos ocupa un porcentaje escaso en nuestra historia.

En relación con estos entornos urbanos, un estudio comparó los efectos de caminar en la naturaleza frente dar un paseo por un centro comercial. Los niveles de emotividad negativa bajaron en un 71% de los participantes que caminaron por la naturaleza, frente a un 45% de los que lo hicieron por un centro comercial. Por otro lado, la confianza en sí mismos subió en un 90% de los primeros (la confianza de los caminantes del centro comercial no solo no subió, sino que bajó en un 44% de las personas).

En este punto, si vives y trabajas en una ciudad, te estarás preguntando cómo llevar a cabo un “baño de bosque” o cómo escuchar sonidos de la naturaleza. Jardines, parques locales o zonas verdes a las afueras también pueden servir como alternativa. Una búsqueda en Google Maps de zonas próximas a tu localización puede ser de ayuda. La aplicación de Google dispone de un par de secciones destinadas a este cometido (“Parques” y “Escapadas a la naturaleza” dentro del menú “Explorar” que se despliega desde la parte inferior). A menudo, existen miradores naturales o zonas de campo en un radio accesible que pueden ayudarte a desconectar.

Aplicaciones de sonidos ambiente

Para el día a día, si no tenemos ocasión de ir a un espacio verde, existen algunas soluciones que pueden hacer el ruido exterior más llevadero. Hablamos de las aplicaciones de sonidos ambiente que están disponibles para casi todos los dispositivos. Son aplicaciones con bases de datos de sonidos de la naturaleza: pájaros, lluvia, o chimenea, que se pueden combinar de diferentes formas con el objetivo de generar un “espacio sonoro” natural.

En la siguiente lista se recogen algunas de estas apps para diferentes plataformas.

AplicaciónPlataforma
TaoMix 2 iOS y Android
Relax Sounds iOS
Ruido BlancoAndroid
White Noise LiteMacOS
A Soft MurmurWeb
NoisliWeb
Ambient MixerWeb
Cracking FireplaceYoutube
 

Es recomendable no abusar de los auriculares para no caer en uno de los riesgos que hemos comentado en el artículo. Lo ideal es usar altavoces, a un volumen bajo y cómodo. Recordemos que, antes que cualquier melodía, tema musical o paisaje sonoro, el mero silencio reporta mayores beneficios (y esto es así, aunque escuchemos a Mozart).

¿Y poner música para estudiar o trabajar? Muchos estudiantes utilizan auriculares para concentrarse. Al menos, esa es la creencia extendida. Lo cierto es que la efectividad de la música depende del tipo de tarea que estemos realizando. Según un estudio de la Universidad de Maryland, los trabajos repetitivos sí pueden beneficiarse de la escucha musical y tener un efecto positivo en el rendimiento. Por el contrario, cuando el trabajo es intelectual se reduce la productividad. Ya sabes, para fregar los platos es bueno molestar a los vecinos, pero para estudiar es mejor el silencio.

Como alternativa a los auriculares también podemos usar tapones para los oídos con diseño ergonómico. Suelen venderlos en cualquier farmacia, pero también se pueden encontrar en Internet, vendidos en packs (por ejemplo, estos). Aíslan de ruidos ambientales, pero permiten escuchar sonidos cercanos para no quedar aislados.

Con esto finalizamos la entrada acerca del silencio y sus efectos en el cerebro y el organismo. En el futuro, la atención al contexto sonoro será mayor por parte de organismos públicos y privados, cuando se entienda que puede ser muy importante para mejorar la salud general de las personas.


Para saber más…

Le Van Quyen, M., (2019), Cerebro y silencio, Barcelona, España: Plataforma Editorial.

Hygge, S., Evans, G. W., & Bullinger, M. (2002). A Prospective Study of Some Effects of Aircraft Noise on Cognitive Performance in Schoolchildren. Psychological Science, 13(5), 469–474. https://doi.org/10.1111/1467-9280.00483

Stansfeld, S. A., Berglund, B., Clark, C., Lopez-Barrio, I., Fischer, P., Öhrström, E., … Berry, B. F. (2005). Aircraft and road traffic noise and children’s cognition and health: a cross-national study. The Lancet,365(9475), 1942–1949. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(05)66660-3

Ising, H., Lange-Asschenfeldt, H., Moriske, H.-J., Born, J., & Eilts, M. (2004). Low frequency noise and stress: bronchitis and cortisol in children exposed chronically to traffic noise and exhaust fumes. Noise & Health, 6(23), 21–28. Retrieved from http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15273021

Li, Q., Kobayashi, M., Kumeda, S., Ochiai, T., Miura, T., Kagawa, T., … Kawada, T. (2016). Effects of forest bathing on cardiovascular and metabolic parameters in middle-aged males. Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine, 2016.

Bernardi, L., Porta, C., & Sleight, P. (2006). Cardiovascular, cerebrovascular, and respiratory changes induced by different types of music in musicians and non-musicians: The importance of silence. Heart, 92(4), 445–452. https://doi.org/10.1136/hrt.2005.064600

Dolegui, A. S. (2013). The impact of listening to music on cognitive performance. Inquiries Journal, 5(09).

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